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El Ejército estadounidense prueba camionetas autónomas y drones de récord en una semana cargada de novedades

Un dron pequeño voló casi nueve horas seguidas con motores ensamblados en territorio estadounidense, mientras una Ford F-250 sin conductor probaba una torreta antidron en Fort Bragg. General Atomics también presentó el Wildfire, su propuesta para reemplazar al MQ-9 Reaper.

23 de agosto de 2026 El Lado Correcto
Crédito: OWS Photography — CC BY 4.0

Tres desarrollos distintos del Ejército y la industria de defensa estadounidense se superpusieron en los últimos días, y cada uno apunta en la misma dirección: reducir la dependencia de componentes extranjeros, sacar al personal fuera de las zonas de riesgo y preparar la próxima generación de sistemas no tripulados.

Nueve horas sin aterrizar

Durante una demostración realizada en julio en la Base de la Fuerza Aérea Edwards, en California, un dron pequeño impuso una nueva marca de resistencia para su clase. El vuelo duró ocho horas, 41 minutos y 43 segundos, según informó el Comando de Material del Ejército estadounidense. El sistema estaba propulsado por motores ensamblados en el Depósito del Ejército de Tobyhanna, en Pensilvania, lo que convierte al récord en una demostración doble: de capacidad técnica y de producción nacional. La prueba se enmarcó en el programa Game of Drones 26-2, una iniciativa del Ejército orientada a evaluar drones de fabricación doméstica bajo condiciones controladas pero exigentes.

La relevancia del dato va más allá del número. Desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, los ejércitos occidentales identificaron la cadena de suministro de drones como uno de los talones de Aquiles de la producción militar moderna. Depender de motores o componentes electrónicos fabricados en Asia, en particular en China, expone a interrupciones logísticas en tiempo de guerra. Tobyhanna es uno de los depósitos de mantenimiento y manufactura más grandes del Ejército, y su participación en este vuelo es parte de un esfuerzo más amplio por relocalizar producción crítica.

Una F-250 que conduce sola y dispara

Alexander-93 — CC BY-SA 4.0

El 18 de agosto, en el Polígono 63 de Fort Bragg, una Ford F-250 modificada recorrió un campo de tiro de forma autónoma mientras portaba una torreta antidron armada con una escopeta. La prueba, parte del Proyecto Sandhills 2.0, tiene un objetivo muy concreto: mantener a los ingenieros fuera del radio de explosión durante las operaciones de apertura de brechas.

En ese tipo de misiones, los vehículos suelen avanzar hacia zonas minadas o bajo fuego para crear corredores de acceso. Que un vehículo autónomo asuma ese rol, con capacidad adicional de neutralizar amenazas aéreas pequeñas, representa un cambio en la lógica de empleo. La elección de una plataforma comercial como la F-250, en vez de un vehículo militar de desarrollo propio, también es un indicador de la filosofía del programa: velocidad de integración, costo reducido y facilidad de reemplazo.

El sucesor del Reaper toma forma

Touch Of Light — CC BY-SA 4.0

El tercer desarrollo llegó desde la industria. General Atomics presentó el Wildfire, un concepto de sistema aéreo no tripulado de altitud media y largo alcance, conocido por sus siglas en inglés como UAS MALE, que la compañía posiciona como posible sucesor del MQ-9 Reaper.

El Reaper es el dron de ataque de referencia de la Fuerza Aérea estadounidense desde hace más de una década. Entró en servicio a mediados de la década de 2000, y su flota lleva años generando debates sobre modernización dentro del Pentágono. La presentación del Wildfire se da en ese contexto: la necesidad de reemplazar una plataforma que sigue siendo operativa pero que enfrenta amenazas aéreas cada vez más sofisticadas, capaces de detectar y derribar drones de vuelo lento que operan en altitudes medias sin sigilo significativo.

Por ahora, el Wildfire es un concepto presentado por su fabricante, no un programa de adquisición oficial del Ejército o la Fuerza Aérea. General Atomics construyó el Reaper y tiene razones obvias para posicionarse temprano en la conversación sobre su reemplazo, pero el camino desde una presentación conceptual hasta un contrato de desarrollo puede llevar años y no está garantizado.

Fuentes: Zona Militar, Defence Blog
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