El frente ucraniano atraviesa una de sus fases de mayor actividad desde principios de 2025. Rusia mantiene presión simultánea en el sector de Zaporiyia, con foco en Oríjiv, y en distintos puntos de Donetsk, sin haber conseguido aún una ruptura táctica decisiva pero desgastando las defensas mediante una combinación de medios que complica la respuesta ucraniana.
Infiltraciones, drones y planeadoras
State Border Guard Service of Ukraine — CC BY 4.0
El método ruso apunta a fragmentar las líneas defensivas antes de comprometer infantería en cantidad. Las fuerzas rusas combinan grupos de infiltración, ataques con drones de primera persona y el empleo de bombas planeadoras lanzadas desde aviación táctica para ablandar posiciones antes de intentar avanzar. Este esquema, que Rusia viene perfeccionando desde mediados de 2024, busca crear brechas puntuales que luego se explotan con fuerzas terrestres en pequeña escala, evitando los asaltos en oleadas que generaron pérdidas masivas en períodos anteriores del conflicto.
Oríjiv, ciudad en el oblast de Zaporiyia, figura como uno de los puntos de mayor presión del período reciente. Su posición sobre el eje norte-sur del frente la convierte en un objetivo de valor: su caída profundizaría la cuña rusa en el sur y complicaría la comunicación entre sectores defensivos ucranianos.
Contraataques limitados de Ucrania
National Police of Ukraine — CC BY 4.0
Frente a esa presión, Ucrania no adopta una defensa puramente estática. Las fuerzas ucranianas ejecutan contraataques de alcance limitado orientados a recuperar líneas forestales perdidas y a evitar que Rusia consolide posiciones desde las cuales montar envolvimientos. Las zonas boscosas tienen valor táctico concreto: ofrecen cobertura frente a la observación de drones y permiten sostener defensas en profundidad sin quedar expuesto en campo abierto.
Esta dinámica de presión constante con contraataques locales es característica de la fase actual del conflicto. Ninguno de los dos bandos acumula recursos suficientes para una ofensiva sostenida en amplitud, pero tampoco está dispuesto a ceder terreno de forma pasiva. El resultado es un frente que consume materiales, munición y personal de manera continua, con variaciones cotidianas en las líneas que raramente superan unos pocos kilómetros en cualquier dirección.
Un frente que no da tregua
National Police of Ukraine — CC BY 4.0
La presión rusa simultánea en Zaporiyia y Donetsk responde a una lógica deliberada. Obligar a Ucrania a defender dos sectores a la vez dificulta la concentración de reservas y la rotación de unidades desgastadas. Kyiv, que desde 2024 enfrenta limitaciones de personal y depende en parte de la cadencia de suministros occidentales, tiene menos margen para reforzar un sector sin debilitar otro.
El empleo de bombas planeadoras merece atención particular. Rusia las lanza desde territorio propio o desde zonas bajo su control, fuera del alcance de buena parte de la artillería antiaérea ucraniana desplegada en el frente, lo que reduce el riesgo para la aviación rusa y permite atacar posiciones con cargas explosivas considerables sin exponerse a intercepciones en vuelo. Ucrania ha reclamado en varias oportunidades a sus socios occidentales mayor capacidad para neutralizar ese vector, con resultados parciales.
El panorama para las próximas semanas depende en gran medida de si Rusia logra sostener esa presión simultánea o si Ucrania consigue estabilizar alguno de los dos sectores para liberar fuerzas hacia el otro.
Fuentes: Zona Defensa