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EEUU asegura el soporte de los motores de los F-16 chilenos hasta 2036, y Raytheon tantea al Ejército con defensa antiaérea

El Departamento de Defensa estadounidense adjudicó un contrato marco a 21 empresas para mantener los motores Pratt & Whitney F100-PW-220/229 de cazas F-15 y F-16 en servicio en 29 países, incluidos los F-16AM/BM Block 15 MLU de la Fuerza Aérea de Chile. En paralelo, Raytheon presentó ante la Dirección de Proyectos e Investigaciones del Ejército chileno sus soluciones de defensa antiaérea móvil.

1 de octubre de 2026 • El Lado Correcto
EEUU asegura el soporte de los motores de los F-16 chilenos hasta 2036, y Raytheon tantea al Ejército con defensa antiaérea
Crédito: Hippocamelus — CC BY-SA 3.0

Motores asegurados hasta 2036

EEUU asegura el soporte de los motores de los F-16 chilenos hasta 2036, y Raytheon tantea al Ejército con defensa antiaérea

SSgt Jacob Cabanero — Dominio público (trabajo del gobierno de EE.UU.)

El Departamento de Defensa de Estados Unidos formalizó un contrato de precio fijo con entrega y cantidad indefinida para trabajos de mantenimiento sobre los motores Pratt & Whitney F100-PW-220/229, la planta propulsora que equipa a los cazas Boeing F-15 y Lockheed Martin F-16 en servicio en 29 países. La adjudicación alcanza a 21 empresas y tiene fecha de término el 30 de septiembre de 2036. Entre los operadores cubiertos figura la Fuerza Aérea de Chile con su flota de F-16AM/BM Block 15 MLU.

La lista de adjudicatarias combina empresas exclusivamente estadounidenses con firmas internacionales. Del lado local participan, entre otras, RTX Corp, PAS Technologies Inc, Barnes Group Inc, Chromalloy Gas Turbine LLC, Jedco Inc y Wall Colmonoy Corp. En el bloque internacional entran Schaeffler Aerospace Canada Inc, Patria Belgium Engine Center y tres empresas israelíes: Bedek Aviation Group de IAI, Bet Shemesh Engines Ltd y Turbochrome Ltd. El contrato se adjudicó mediante proceso competitivo en el que se recibieron 27 ofertas.

Para Chile, la cobertura de este contrato no es un detalle menor. La FACh opera sus F-16 MLU como columna vertebral de su aviación de combate, y la disponibilidad del motor F100 es directamente proporcional a la cantidad de horas de vuelo que esa flota puede sostener. Un contrato marco de esta envergadura, con múltiples proveedores habilitados y vigencia de una década, le da al Ejército del Aire chileno la previsibilidad logística necesaria para planificar el ciclo de vida de esos aviones más allá del corto plazo.

Raytheon y la antiaérea móvil

Por separado, representantes de Raytheon International se reunieron con la Dirección de Proyectos e Investigaciones del Ejército de Chile, conocida como Dipride, para presentar las opciones de defensa antiaérea móvil de la empresa. La reunión se realizó por videoconferencia y contó con la participación de Nimrod Internacional, firma que gestiona los intereses de Raytheon en el mercado chileno. El acta de la reunión quedó registrada en el marco de la Ley del Lobby.

Entre los sistemas presentados figura el Avenger, una plataforma de defensa antiaérea de corto alcance montada sobre vehículos HMMWV de AM General. El Avenger combina misiles FIM-92 Stinger con una ametralladora de calibre .50, y fue diseñado para proteger unidades en movimiento contra amenazas aéreas de baja altitud como helicópteros, drones y aviones de ataque. Su movilidad táctica lo hace apto para operar junto a fuerzas blindadas o mecanizadas sin depender de infraestructura fija.

La presentación ante Dipride no implica ningún compromiso de compra ni una licitación abierta: es el tipo de acercamiento exploratorio habitual en el ciclo de adquisición de los ejércitos de la región, donde los fabricantes presentan capacidades antes de que exista un requerimiento formal. Sin embargo, el hecho de que Raytheon haya solicitado la reunión y de que esté registrada en la Ley del Lobby indica que hay un interés activo en posicionarse ante una eventual necesidad del Ejército chileno en esa categoría de sistemas.

Chile arrastra una deuda histórica en defensa antiaérea terrestre de corto y mediano alcance. A diferencia de la Fuerza Aérea, que cuenta con capacidades más desarrolladas en ese plano, el Ejército ha operado durante años con coberturas limitadas frente a amenazas aéreas de baja altitud. En un contexto regional donde la proliferación de drones de combate y reconocimiento avanza a un ritmo acelerado, esa brecha se vuelve cada vez más difícil de ignorar.

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