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El USS Abraham Lincoln vuelve a San Diego con marcas de combate y una historia submarina que no envejece

El portaaviones regresó tras 321 días de despliegue, con la superestructura cubierta de marcas de drones y buques enemigos destruidos durante el enfrentamiento con Irán. La ocasión reavivó uno de los episodios más comentados de la historia reciente del Lincoln: cuando un submarino australiano lo «hundió» ante las narices de seis marinas aliadas.

9 de octubre de 2026 • El Lado Correcto
El USS Abraham Lincoln vuelve a San Diego con marcas de combate y una historia submarina que no envejece
Crédito: PO2 Alexander Timewell — Dominio público (trabajo del gobierno de EE.UU.)

El USS Abraham Lincoln (CVN-72) atracó en la Base Aeronaval North Island, San Diego, alrededor de las 15:15 del jueves 8 de octubre, cerrando un despliegue de 321 días que incluyó 265 días consecutivos en el mar. Mientras miles de familiares esperaban en el muelle, los marineros formaron en cubierta con uniforme de gala; algunos fueron captados en una transmisión en vivo tomándose de las manos y corriendo hacia sus posiciones.

El regreso fue visualmente elocuente. La isla del portaaviones llegó a puerto cubierta de marcas de combate que documentan el rol del grupo de ataque en el enfrentamiento con Irán: señales pictóricas de drones y buques destruidos, al estilo de las viejas marcas de victoria que los pilotos pintaban en sus fuselajes. Es una práctica que en la US Navy no se veía con tanta crudeza desde décadas atrás.

Un despliegue marcado por Irán

El USS Abraham Lincoln vuelve a San Diego con marcas de combate y una historia submarina que no envejece

DVIDS / Depto. de Defensa de EE.UU. — Dominio público (trabajo del gobierno de EE.UU.)

El Carrier Strike Group del Abraham Lincoln participó activamente en operaciones contra fuerzas iraníes durante su campaña de casi once meses. Las marcas en la superestructura son el registro visual de esa participación, aunque los detalles operativos de cada intercambio no fueron detallados públicamente al cierre de esta edición.

Con 265 días continuos en el mar, el despliegue estableció una marca récord para la armada estadounidense en tiempos recientes. Para dimensionarlo: un portaaviones de clase Nimitz como el Lincoln tiene una tripulación de alrededor de 5.000 personas entre marineros y personal de ala aérea, que pasaron casi nueve meses sin tocar tierra.

El episodio del HMAS Waller

La vuelta del Lincoln al primer plano reavivó la memoria de uno de los ejercicios navales más citados en debates sobre capacidad submarina. En algún momento previo a que Australia abandonara su programa de submarinos convencionales, el HMAS Waller, un submarino de la clase Collins, logró infiltrarse hasta distancia de lanzamiento de torpedo de este mismo portaaviones durante un ejercicio multinacional, fotografiarlo desde esa posición y salir sin ser detectado. Lo hizo mientras evadía las fuerzas antisubmarinas de seis países: Estados Unidos, Japón, Canadá, Chile, Corea del Sur y el Reino Unido.

El Collins no es un submarino silencioso por naturaleza. Al contrario: la clase tiene una historia de problemas técnicos y ruidos que lo hicieron blanco frecuente de críticas en Australia durante años. Que precisamente ese submarino, con ese historial, hubiera «hundido» un Nimitz ante media OTAN y sus aliados del Pacífico convirtió el ejercicio en un caso de estudio. El episodio subrayó algo que los analistas repiten: en condiciones reales de ejercicio, incluso un submarino convencional con limitaciones técnicas puede superar defensas sofisticadas si las tácticas y el terreno acuático juegan a su favor.

El giro nuclear de Canberra

El Waller y sus hermanos de clase terminaron siendo el argumento perfecto, aunque paradójico, para que Australia abandonara los Collins como futuro de su fuerza submarina. Si un submarino ruidoso y con problemas técnicos pudo hacer eso, el razonamiento fue: imaginá qué haría una plataforma nuclear silenciosa y de largo alcance.

En 2021, Canberra canceló un contrato de 90.000 millones de dólares australianos con el consorcio naval francés para adquirir doce submarinos de propulsión convencional, y anunció el pacto AUKUS junto con Estados Unidos y el Reino Unido. El objetivo es que Australia opere submarinos de propulsión nuclear, una capacidad sin precedentes para el país y que redefine su peso estratégico en el Indo-Pacífico. Los Collins seguirán en servicio mientras ese programa madura, lo que puede tomar décadas.

El regreso del Abraham Lincoln, cubierto de cicatrices operacionales, y la historia del Waller que lo «cazó» sin disparar un solo torpedo forman un cuadro completo sobre el estado del poder naval en el Pacífico: la superioridad de los portaaviones existe, pero no es absoluta, y los submarinos siguen siendo la variable que más le complica el sueño a los planificadores de flota.

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