El primer Gripen E fabricado en Brasil completó su vuelo inaugural
El caza ensamblado por Embraer en Gavião Peixoto despegó con éxito, un hito que consolida a Brasil como parte de la cadena de producción global del avión sueco.
El caza ensamblado por Embraer en Gavião Peixoto despegó con éxito, un hito que consolida a Brasil como parte de la cadena de producción global del avión sueco.
El primer Gripen E producido en suelo brasileño por Embraer realizó su vuelo inaugural con éxito desde las instalaciones de la empresa en Gavião Peixoto, en el interior del estado de São Paulo. El vuelo valida a esa base como nodo activo dentro del sistema de producción global del avión, compartido con Saab en Suecia.
El Gripen E es la versión evolucionada del caza sueco de cuarta generación avanzada desarrollado por Saab. Brasil lo eligió en 2014 como el nuevo avión de combate de la Fuerza Aérea Brasileña, en una licitación que se conoció como el programa F-X2. El contrato no fue solo una compra de aeronaves: incluyó desde el inicio una transferencia de tecnología y la participación de Embraer en el ensamblaje local, algo que Brasil buscaba explícitamente para fortalecer su industria aeronáutica de defensa.
Gavião Peixoto no es un sitio cualquiera en ese esquema. Es el principal centro aeronáutico industrial de Embraer fuera de São José dos Campos, y alberga desde hace años líneas de producción civiles y militares. Que el primer Gripen E ensamblado ahí haya completado su vuelo inaugural convierte a esa planta en parte oficial de la cadena productiva del avión, reconocida como tal dentro del sistema global que Saab gestiona desde Linköping.
En la industria aeronáutica, el vuelo inaugural de un avión recién ensamblado no es un evento meramente simbólico. Es la verificación práctica de que el proceso de ensamblaje local produce una aeronave apta para volar, lo que implica que la integración de sistemas, la calidad de los componentes y los procedimientos de control en Gavião Peixoto están a la altura de los estándares de Saab. Sin ese vuelo exitoso, la producción en Brasil seguiría siendo una capacidad potencial, no una realidad operativa demostrada.
El hito también refuerza la asociación de largo plazo entre Saab y Embraer, dos empresas con trayectorias largas en el sector aeronáutico pero con perfiles distintos. Saab es esencialmente una empresa de defensa, conocida casi exclusivamente por sus aviones militares y sistemas de vigilancia. Embraer, en cambio, construyó su reputación global en la aviación comercial regional antes de expandirse al segmento militar con plataformas como el carguero KC-390. El Gripen los une en un proyecto donde Saab aporta el diseño y la tecnología central, y Embraer pone la capacidad de manufactura local.
Riiga — CC BY 4.0
Suecia es el otro operador del Gripen E, y la producción del avión siempre estuvo pensada como un esfuerzo conjunto entre ambos países. Que Brasil pueda ensamblar sus propias unidades reduce la dependencia logística de un único punto de fabricación en Europa y, en principio, le da a la Fuerza Aérea Brasileña mayor capacidad de sostenimiento a largo plazo sobre su flota.
Para Brasil, el Gripen E representa además una apuesta estratégica de soberanía tecnológica en defensa. El país lleva décadas intentando construir una base industrial aeronáutica militar que no dependa enteramente de proveedores extranjeros, con resultados mixtos. La participación de Embraer en el ensamblaje del caza sueco es uno de los pasos más concretos en esa dirección.