El Estrecho de Ormuz atraviesa octubre con un ritmo de violencia sin precedentes recientes en la zona. Once buques fueron atacados en menos de dos semanas, la mayoría petroleros cargados con crudo, en una cadencia que la Organización Marítima Internacional (OMI) describe como casi diaria.
Los ataques, uno a uno
Entre el 1 y el 7 de octubre, la OMI registró nueve barcos golpeados en el estrecho o frente a las costas de Omán. Las operaciones marítimas comerciales del Reino Unido (UKMTO, por sus siglas en inglés) confirmaron dos incidentes adicionales. El miércoles 8, un tanquero sin identificar fue atacado frente a Madinat ash Shamal, en Qatar, dentro del Golfo Pérsico. El viernes 10, otro buque también sin identificar fue golpeado en la zona.
Los objetivos son principalmente petroleros, lo que convierte a cada ataque en una amenaza directa sobre el flujo de hidrocarburos que atraviesa uno de los puntos de tránsito energético más críticos del planeta. Por el Estrecho de Ormuz pasa aproximadamente un quinto del petróleo que se comercializa en el mundo, y cualquier perturbación sostenida en esa ruta tiene efectos inmediatos sobre los mercados internacionales.
Un estrecho sin margen
El Estrecho de Ormuz tiene apenas unos 55 kilómetros en su punto más angosto y está flanqueado por Irán al norte y por los Emiratos Árabes Unidos y Omán al sur. Esa geografía lo convierte en un embudo imposible de esquivar para el tráfico marítimo que entra y sale del Golfo Pérsico, lo que también lo hace extremadamente vulnerable a ataques desde tierra, mar o aire.
La región arrastra años de tensión acumulada. Iran fue acusado en múltiples ocasiones, desde 2019 en adelante, de atacar o incautar petroleros en la zona como herramienta de presión geopolítica. Los ataques hutíes en el Mar Rojo, iniciados a fines de 2023 en respaldo declarado a Gaza, ya habían alterado las rutas del tráfico global y empujado a muchos armadores a evitar el Canal de Suez. Si Ormuz se vuelve igualmente inseguro, las opciones de desvío prácticamente desaparecen.
Sin reivindicaciones claras
Ninguna de las fuentes disponibles identifica a un responsable concreto por los ataques de octubre ni describe el tipo de arma o vector utilizado. La frecuencia y la concentración geográfica de los incidentes sugieren una campaña coordinada, pero por ahora los datos oficiales se limitan a la confirmación de los golpes sin atribución pública.
Lo que sí queda claro es la escala del problema. Nueve ataques en siete días, seguidos de dos más en los días inmediatamente posteriores, marcan un salto cualitativo respecto a episodios anteriores. No se trata de incidentes aislados: es una presión sostenida sobre una arteria que el comercio global no puede permitirse perder.